¡YA TE LLAMARÉ!


Sembradores de Incertidumbres: 

Capítulo 3 - YA TE LLAMARÉ 

Filo y Lisa se acomodaron en una mesa con vista al mar en la cafetería del Hotel Londres de Donostia, listas para su habitual brunch de los sábados. La conversación ya iba encarrilada en territorio pantanoso.

— A mí me caía bien, con esa carita de jovencito enfurruñado, como si nunca hubiera roto un plato en su vida… —decía Filo, mientras rebuscaba en su bolso, un universo en miniatura donde cabía de todo menos el sentido común. — ¿Dónde habré metido el dichoso minitaladro de Leroy Merlín?

Lisa la miró, suspendiendo el mordisco a su tostada con jamón y tomate.

— ¿De qué hablas, Filo? —preguntó, con ese tono mezcla de curiosidad y resignación.

— El minitaladro, Lisa. ¡Estoy probando uno nuevo! Y quería enseñártelo para ver qué opinas del diseño. Tiene un color azul eléctrico divino. — Y en su empeño por encontrarlo, Filo iba sacando de su bolso gafas de sol, tres bolígrafos mordisqueados, dos alpargatas, un cortaúñas, y una botellita de esencia de algo que olía a flores del siglo pasado.

Lisa suspiró, intentado mantener la calma. —Déjalo, Filo, ya me lo enseñarás otro día. — No podía evitar sonreír al ver el arsenal de objetos insólitos desplegados en la mesa. Su amiga como periodista de redactora de contenidos para medios de comunicación y blogs de diferentes ideas, disponía de un “almacén” de objetos variopintos.

Cambiando de tema, Lisa recordó al “jovencito” en cuestión. — Y hablando de él, Filo, ya tiene 41 tacos. Yo lo conocí en la Complutense, daba una charla sobre… análisis político o algo así. — Sonrió al recordarlo — Al final, nos fuimos con unos colegas a tomar unos vinos en un bar cerca de Moncloa.

Filo asintió, dispuesta a rememorar aquella etapa con cierta nostalgia:

— ¡Ah, los tiempos de la Complutense! Y pensar que todos parecíamos convencidos de que íbamos a cambiar el mundo. — Y se rió, mientras daba un sorbo a su café con leche. — Hasta que un día dejé de verle, ¡y nunca más se supo!

Lisa arqueó una ceja, divertida. — ¿Nunca más? No te hagas la dramática, Filo. Aquella despedida cuando te dijo "ya te llamaré" mientras corría a coger un taxi¡Parece que no ha cambiado mucho, experto en aplicar la técnica de “hielo y magreo!

Ambas quedaron en silencio, imaginando cómo el “jovencito” de mirada inocente seguía igual, o quizás peor, repartiendo besos, abrazos y… "ya te llamaré" por la vida.

Un sembrador de incertidumbres,  depredador de ilusiones, carne de #MeeToo.