06/11/24
SEMBRADORES DE INQUIETUDES
Capítulo 4: La explosión del sol
Filo se limpiaba los dientes después de una noche turbulenta, donde los sueños sobre el “adiós a la Tierra” la habían dejado con un sobresalto que no se quitaba ni con el triple de café. Frente al espejo, su cara era un poema, un soneto de ojeras y ceño fruncido. Movía las comisuras de los labios y arqueaba las cejas con incredulidad, como si esperara que, en cualquier momento, el reflejo se pusiera a hablar y le dijera: "Tranquila, sólo fue un mal sueño, la Tierra no va a desvanecerse mañana".
En mala hora había visto el reportaje “Adiós a la vida”. Un artículo de la NASA explicando con gran lujo de detalles cómo, dentro de 5.000 millones de años, el sol se expandiría hasta devorar la Tierra, era lo que menos necesitaba en su actual estado. Filo, periodista de contenidos para blogs y empresas, entendía la necesidad de sus colegas de llenar espacio con listas insulsas y rankings —los “5 pueblos más bonitos de Euskadi para ver en otoño”, o lo último en cosmética milagrosa como “Pusiplus de Mercadona”, capaz de borrar las bolsas de los ojos y alguna deuda emocional, si te lo crees mucho—. Pero, ¡5.000 millones de años! Eso ya era sembrar inquietudes de una categoría monumental.
Sonó el móvil, interrumpiendo su soliloquio de indignación. Era Lisa. Seguro que llamaba para contarle cómo su número de seguidores había crecido un 20% tras su último video de "Cómo posponer el envejecimiento sin dejar de sonreír". Lisa era “influencer de imagen femenina” y, a pesar de que su trabajo le parecía un misterio financiero a Filo, no podía negar que la vida le iba muy bien.
—Dime, Lisa, —preguntó, mientras dejaba caer la bata al suelo para buscar unos pantalones decentes. —¿Te has enterado de lo del sol? —la voz de Lisa sonó, sin prólogo ni buenos días. —Sí, ¿y qué pasa? —Filo bufó y pateó una pantufla que bloqueaba su camino al vestidor, mientras su perrita Bea se escapaba rauda, para esconderse. —Lo vi en los periódicos y en el telediario. ¿Por qué sacan una noticia así, a 5.000 años vista? ¿A quién le beneficia sembrar esa inquietud cuando hay cosas tan graves pasando hoy? —Filo alzó las manos al aire en un gesto dramático, sabiendo que Lisa no podía verla pero esperando que el eco de su frustración atravesara el auricular. —¡Sembradores de inquietudes para distraer de las nefastas gestiones políticas y las crisis reales!
Lisa, de pie en la cocina, apretando el móvil contra la oreja, se tomó unos segundos de perplejidad ante la andanada. Cuando Filo acabó, hubo un silencio que podría haberse cortado con un cuchillo de untar mantequilla.
—Yo hablaba de la manifestación en la plaza del Sol, en Madrid. Por lo de Valencia. ¿Vamos?
