TIERRAS RARAS


 Estaban Terbio y Gardonio saboreando unas cervezas mientras discutían apasionadamente sobre sus temas de magnetomagnética, un campo tan especializado que solo ellos entendían, en una de las mesas del bar de Ytrio. Un bar peculiar donde el barman era, además de un experto en cócteles, un superconductor en sus horas de descanso, lo que le daba un toque "refrescante" al ambiente. Entre conversación y conversación, las cervezas parecían enfriarse mucho más rápido que en cualquier otro lugar; es el tipo de bar donde te preguntas si la cerveza no debería estar en estado sólido.

En una mesa cercana, Cerio y Radio cuchicheaban, no sobre sus vidas personales, sino sobre la temperatura a la que deberían enfriar un material para alcanzar el punto de ebullición del nitrógeno. Por supuesto, no era una charla trivial, sino una discusión tan técnica que a cualquier persona normal le sonaría más a un hechizo de Harry Potter que a un tema científico. "¿Será 77K o 80K?", se preguntaban entre risas nerviosas, como si hablar de temperaturas criogénicas fuera el equivalente a comentar sobre el clima en las vacaciones. Pero claro, en este bar no se esperaba menos.

Mientras tanto, en la barra, Niobio, Hafnio y Tántalo discutían acaloradamente sobre las bandas magnéticas. Las charlas sobre física cuántica siempre generaban gran animación, pero esta vez Niobio había llegado con una idea "revolucionaria" (como él mismo la llamaba): había encontrado una forma de hacer que las bandas magnéticas fuesen aún más magnéticas. Hafnio, con su típica calma, le respondió que tal cosa no era posible sin generar un agujero negro dentro del bar, lo que resultaría en una resaca bastante incómoda para todos. La conversación se tornó filosófica cuando Tántalo comentó que "la verdadera magnetización está en el corazón". La respuesta fue un largo silencio, seguido por un brindis por "la magia del magnetismo".

La puerta del bar se abrió con un crujido dramático (como si el propio Ytrio estuviera en modo teatral) y entraron Disprosio, Praseodimio y Neodimio. Estaban comentando en voz alta, como si todo el bar estuviera ansioso por escucharlos, que los imanes actuales nada tenían que ver con los del siglo pasado. "¡Ni punto de comparación!", exclamó Disprosio, señalando un imán de nevera de aspecto anticuado que había en la estantería. "Lo de antes era un simple truco de feria, hoy en día hablamos de imanes que pueden mover montañas... o al menos los refrigeradores más pesados". Los demás asintieron con un aire de autoridad, como si no pudieran concebir que alguien pudiera ser tan retro en sus preferencias magnéticas.

El bar de Ytrio, que alguna vez fue un lugar tranquilo donde la gente venía a beber y relajarse, se había convertido en un club exclusivo para las tierras raras, esas rocas y metales que dominaban el mundo de la tecnología moderna. Pero lo cierto es que el ambiente seguía siendo bastante relajado, solo que ahora con un poco más de teorías cuánticas y charlas sobre superconductores en cada rincón. Las tierras raras campaban a sus anchas, como si fueran las estrellas de un espectáculo, con esa arrogancia científica que solo los elementos más codiciados pueden permitirse. Y, si uno escuchaba con atención, podía oír entre risas y brindis frases como: "¡Este bar debería ser un conductor perfecto de buenas ideas!" o "Lo que pasa aquí es tan sólido como un cristal de lantano”.

Mientras tanto, empresas y gobiernos ávidos de lucro, vigilaban el club y a sus moradores con ánimo de apoderarse de todos ellos.