Para evitar el desastre de las entidades bancarias que ellos habían arruinado. Se les ayudó con dinero público.
Ahora se blindan, sin asomo de vergüenza ni responsabilidad, con cantidades de sonrojo, que se las llevan a su casa, sin que nadie mueva un dedo.
Estos irresponsables deben devolver todo el dinero cobrado desde la fecha que recibieron la ayuda. Anulando cualquier blindaje que hubieran pactado.